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Fertilización
Los
suelos bajo siembra directa acumulan una mayor cantidad de materia orgánica
y, por lo tanto, una fertilidad potencial más importante. Sin embargo durante
los primeros años de su implementación, la cantidad de nitratos disponibles
para las plantas es menor que en los suelos trabajados en forma convencional,
porque la cobertura de rastrojo en superficie y el suelo no removido hacen
que disminuya la temperatura y aumente la humedad del perfil, lo que reduce
la tasa de mineralización del nitrógeno. Sobre todo en esta
primera etapa, la respuesta a al fertilización nitrogenada será muy fuerte,
más aún cuando se trate de suelos muy chacareados, siempre que la
disponibilidad hídrica sea suficiente. No obstante, la primera
deficiencia a considerar es la del fósforo, ya que muchos suelos son
genéticamente deficientes en el mismo, lo que resulta agravado cuando se
presentan bajas temperaturas del suelo. Por esta razón, potreros bajo
labranza tradicional que encontraban respuestas económicas recién con 15 ppm
de fósforo en una situación de siembra directa pueden tener umbrales de
respuesta de 10 a 12 ppm. Por ello como primera medida, debe solucionarse el
déficit de fósforo, y después analizar cuando y como aplicar el nitrógeno.
Tambien debe tenerse en
cuenta que cuanto mayor sea la cantidad de agua acumulada en el perfil, mayor
respuesta a al fertilización habrá, independientemente de las lluvias que
ocurran luego de la siembra. Si no existen al momento de la siembra mas de
100 mm de agua acumulados hasta el metro de profundidad, en zonas cuyo
consumo diario promedio sea de 1.5 mm, se desaconseja la fertilización.
Aunque cabe destacar que en todos los casos, los lotes muy chacareados
tendrán una importante mejora del rinde con la fertilización. Lo más indicado es
aplicar el fertilizante con la sembradora, al costado de la semilla, lo que
permite la incorporación de altas dosis de nitrógeno (hasta 200 kg de urea
por ha). Las fertilizaciones al voleo no son precisamente recomendables, pues
requieren de una labor adicional y solo son eficientes si no hay demasiado
rastrojo en superficie y llueve enseguida de su aplicación. Cuando la descarga de fertilizante y semilla es la misma, no deben sobrepasarse los 50 kg de urea por hectárea. En dosis superiores el amonio generado por la urea dificulta la germinación. Para sortear este inconveniente puede anularse una línea de siembra cada dos, poniendo allí la mayor proporción de fertilizante posible, o bien recurrir al empleo de nitrato de amonio cálcico magnésico, que neutraliza la reacción ácida generada por aplicaciones frecuentes y abundantes de nitrógeno, o de nitrato de amonio aperdigonado que permite la aplicación de una mayor dosis de nitrógeno junto a la semilla. Otro posible solución es colocar el fósforo con la semilla, y aplicar altas dosis de nitrógeno con el agregado de una segunda tolva y un tercer juego de discos.
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