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Fertilización
Manejo de la fertilización en trigo

La experiencia actual muestra importantes respuestas a la fertilización con nitrógeno y fósforo por parte del cultivo de trigo con riego suplementario en la región pampeana. Sin embargo, se deberá tener en cuenta que en todos los casos la recomendación para el uso de fertilizante nitrogenado deberá complementar la diferencia entre la disponibilidad de suelo y los requerimientos del cultivo, de acuerdo a los niveles de rendimiento factibles para cada región. Teniendo en cuenta esto, resulta indispensable el asesoramiento de un profesional que a partir de un análisis de suelo previo y del conocimiento de las posibilidades del cultivo en cada región, elaborará para cada situación la propuesta de fertilización.

Con el riego suplementario se optimiza el abastecimiento de agua y nutrientes en forma conjunta, permitiendo su disponibilidad en los momentos de mayor requerimiento del cultivo. Debe recordarse que la planta de trigo requiere nitrógeno durante gran parte de su ciclo, pero la demanda aumenta a partir de comienzos de encañado y se hace máxima desde mediados de encañazón hasta la antesis, algunos días después de la espigazón. En el momento de antesis el cultivo ya absorbió aproximadamente el 75% de sus necesidades.

La bibliografía indica que el cultivo de trigo deberá disponer de 25 a 30 kilogramos de nitrógeno (N2) y de 9 a 10 kilogramos de pentóxido de fósforo (P2O5) por cada tonelada de grano cosechado. Por lo tanto, es común que una vez realizado el diagnóstico previo de fertilización surja la necesidad de aplicar niveles de 80, 100 o aún más unidades de nitrógeno y 20 a 50 unidades de pentóxido de fósforo.

Para el caso del nitrógeno, la recomendación indica proveer una parte a la siembra teniendo en cuenta que los requerimientos iniciales no son muy altos y el resto en una o dos oportunidades más durante el período que va desde pleno macollaje hasta inicio de encañado. La demora para que el nutriente esté disponible para la planta depende del tipo de fertilizante utilizado y la forma de aplicación del mismo. Los fertilizantes nitrogenados en base a nitratos son de disponibilidad más rápida que el amonio y este a su vez resulta más rápido que la urea. En todos los casos, un riego de 20 a 30 mm posterior a la aplicación del fertilizante lo incorporará inmediatamente. Utilizando la técnica de fertirrigación se podría contar con la ventaja de aprovechar la absorción de un pequeño porcentaje por vía foliar que mejoraría la eficiencia de uso del fertilizante.

En general se sugiere que el aporte de nitrógeno desde el comienzo del ciclo hasta el estado de encañado en tercer nudo actúa sobre el rendimiento. A partir de allí, y hasta comienzos de llenado de grano, una mayor proporción del nutriente se destina a modificar el porcentaje de proteína y la consiguiente calidad industrial de la harina.

El caso del fósforo es diferente y ante la necesidad de aportar este nutriente, el mismo deberá ser aplicado en su totalidad en el momento de la siembra, y aún en condiciones de marcadas deficiencias que requieran fertilizaciones de base, deberá aportarse una parte de la dosis en forma localizada.

Algunas experiencias realizadas durante las últimas campañas señalan posibles respuestas de la secuencia de cultivo trigo/soja a la aplicación de azufre, especialmente en lotes con varios años de agricultura y suelos con bajo contenido de materia orgánica. Las experiencias preliminares en este sentido sugieren el uso de fuentes nitrogenadas con azufre aplicados antes o durante la siembra del cultivo de trigo. El caso de otros nutrientes y micronutrientes deberá ser considerado en cada caso.

Jorge Fraschina, María T.V. de Galich y Angel N Galich

Grupos Mejoramiento de Trigo y Patología.

EEA INTA Marcos Juárez. Proyecto IPG

 

 

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