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Labranza
¿Por qué
algunos productores siguen utilizando la labranza convencional? Por definición la
labranza tradicional o convencional es la labranza que se hace
tradicionalmente, en una determinada zona para un determinado cultivo. En general se asocia al
término labranza convencional con la realización de laboreos agresivos que,
mal utilizados por plazos no demasiado prolongados, pueden afectar la
integridad del suelo, especialmente en suelos de baja estabilidad y/o con
pendiente. Por lo general, esto se maneja o se decide con mucho de costumbre
o de tradición. De todas maneras, el laboreo
convencional es una buena forma de lograr algunos objetivos de manejo, como
por ejemplo control de malezas, control de algunas plagas y la mineralización
de algunos nutrientes, básicamente nitrógeno que en nuestra zona es un
nutriente deficitario a pesar del tipo de suelo rico en materia orgánica que
tenemos. Cuando ejercemos una
labranza agresiva sobre el suelo incorporamos los rastrojos y agilizamos su
descomposición y la mineralización de la materia orgánica con la consecuente
liberación de nitrógeno, otros nutrientes importantes y, también, de dióxido
de carbono, que es uno de los gases responsables del efecto invernadero.
El fundamento por el que
los primeros agricultores empezaron a laborear el suelo, fue crear un
ambiente de suelo adecuado para el crecimiento de los cultivos iniciando por
crear una cama adecuada para colocar la semilla bien en contacto con el suelo
para que germinara rápida y uniformemente. Quizás por un exceso de celo, se
refina demasiado el suelo, pero no es necesario. Se puede lograr un buen
contacto de la semilla con el suelo aunque tenga cierto nivel de cascotes, de
partículas grandes, entendiendo por tales aquéllas que son más grandes que la
semilla. Entonces, las ventajas
fundamentales de la labranza convencional serían: Control de malezas. Liberación de nutrientes.
Control de algunas
plagas. Garantizar una rápida y
uniforme emergencia del cultivo ¿Cómo se ve afectada el
agua contenida en el perfil del suelo con la labranza convencional? Este es uno de los
problemas de la labranza convencional o de cualquier laboreo que signifique
un movimiento de suelo. Al remover el suelo no sólo se expone a la materia
orgánica para que se mineralice sino que también deja expuesta el agua
retenida en los poros para que se evapore. Laboreos sucesivos exponen al
suelo a que siga evaporando su agua y es un problema. Desde el punto de vista
de nuestra zona, el sudeste de la provincia de Buenos Aires, hay altas
probabilidades de que al momento de la siembra del trigo el suelo esté cargado
de agua, independientemente del laboreo que se haya hecho. No obstante, sí
puede suceder que a pesar de que el perfil del suelo esté con su capacidad
colmada; la capa superficial, donde se tiene que sembrar, esté seca, haciendo
necesario esperar el rehumedecimiento para poder hacerlo. De todas maneras cuando
se siembra el trigo en julio-agosto, que es lo más común, por lo general, no
hay problemas de este tipo. Pero en años secos, los primeros 5 a 10
centímetros pueden secarse demasiado y la semilla tener problemas de
imbibición y, con ello, de germinación despareja dando como resultado una
implantación deficiente y aumentando la posibilidad de incidencia de
enfermedades y plagas. Otro de los problemas de
las labranzas que dejan el suelo desnudo, como la convencional, es cuando
llueve con cierta intensidad. Esta lluvia se asocia a gotas muy grandes,
cargadas de mucha energía que tienen la capacidad de romper los agregados del
suelo y, por lo tanto, de producir planchado y reducir el ingreso de agua al
suelo. ¿Qué es el planchado? El planchado se produce
cuando las partículas resultantes de la rotura de los agregados del suelo
tienden a tapar los poros sellándolos y formando una costra cuando se seca.
A su vez si el suelo está
en pendiente y no está con condiciones de absorber toda el agua que cae, ésta
comienza a correr por la superficie, arrastrando las partículas desprendidas.
Este es el fenómeno de erosión hídrica que es un problema bastante generalizado
en el sudeste bonaerense. Es un problema muy serio porque se pierde el suelo
más fértil y con ello muchas de sus propiedades. ¿Cómo afecta la labranza
agresiva a la materia orgánica del suelo? Lo que se hace con el
laboreo es simplemente romper los agregados del suelo, exponer materia
orgánica, aumentar la oxigenación del sistema, y aumentar la actividad
biológica. El tema del carbono, que
es la materia orgánica del suelo, es una cuestión de balance entre lo que se
mineraliza, que es una buena parte de lo que se pierde además de lo que se va
por erosión, y lo que se gana a través de los residuos vegetales que vuelven
al suelo. Esto depende de la historia del lote, qué cultivos hubo, cuál fue
su rendimiento, ya que esto condiciona la cantidad de rastrojo, y también de
qué se hizo con el rastrojo, si se pastoreó, se enrolló o enfardó, o si se
incorporó o no. Si nosotros provocamos
mineralización intensa y no reponemos una cantidad acorde de materiales
vegetales, nuestro balance será negativo y estaremos perdiendo materia
orgánica. Eso es lo que ocurre en general con la labranza convencional. Si no se hace un manejo
adecuado, ¿cuáles son las consecuencias de la pérdida de materia orgánica?
La materia orgánica es
uno de los factores clave en el manejo del suelo ya que es la encargada de un
gran número de funciones en el suelo. Es el sustrato de los microorganismos
que viven en el suelo, el alimento natural. Ellos hacen las tansformaciones
en el suelo cuyo producto luego aprovecha la planta. También tiene la función
de mantener la estructura física del suelo. Si el suelo pierde materia
orgánica, pierde su capacidad de resistir los cambios provocados por el uso.
Los agregados se hacen más débiles. Los poros tienden a ser más chicos o
directamente a perderse, limitando el intercambio de gases y el pasaje del
agua y retención de agua. La materia orgánica es el
reservorio de nitrógeno en el suelo, si disminuye el contenido de materia
orgánica se reduce la capacidad del suelo de aportar nitrógeno a los cultivos.
Algo similar ocurre con otros nutrientes (p.ej. fósforo, azufre). Además de todo eso, en
las últimas décadas, se está dando importancia al manejo de suelo en cuanto a
su posibilidad de influir en lo que se denomina secuestro de carbono. Todos sabemos que el
dióxido de carbono es uno de los gases que provocan el efecto invernadero.
Cuando se mineraliza la materia orgánica o se descomponen los residuos se
elimina a la atmósfera una gran cantidad de ese gas. Si a través de manejo
podemos fijar materia orgánica al suelo en lugar de mineralizarla tan
activamente, estaríamos reduciendo una buena parte del dióxido de carbono que
surge del suelo hacia la atmósfera. Sería una contribución de la agricultura
hacia el ambiente. Con la labranza convencional este logro se hace un poco
dífícil. La labranza convencional
tiene otro inconveniente que es el consumo de combustibles fósiles que
también contribuye al efecto invernadero. Menos labranzas significa menor
utilización de combustibles y, por lo tanto, menor emisión de gases hacia la
atmósfera. Mantener la materia
orgánica es un objetivo importante en un sistema de producción. ¿Hay alguna manera de
minimizar los inconvenientes que provoca el uso de la labranza convencional?
El punto de partida para
toda decisión de manejo de suelo es conocer sobre qué suelo uno va a empezar
a trabajar. Conocer el suelo no sólo significa conocer las características
propias del suelo sino también en qué posición del paisaje está ubicado.
Entonces, una forma de
mejorar el uso de las labranzas es discriminar en qué suelo y en qué época
del año se la va a emplear dependiendo de los efectos que se espera produzca
y de las características del ambiente. Si estamos trabajando
sobre suelos de bajo contenido de materia orgánica, con textura arenosa o
tendiendo a ser arenosa sería recomendable no emplear labranza convencional.
Por otro lado, no debería
utilizarse labranza convencional en las épocas del año en que las lluvias son
potencialmente erosivas y, por supuesto, tampoco en los sectores donde el
suelo esté en pendiente. La recomendación para reducir los efectos de la
labranza convencional es hacer la menor cantidad de operaciones que sea
posible o indispensable. Hacer las operaciones de
laboreo en las condiciones óptimas de suelo para cada tipo de labor, ni
demasiado seco ni demasiado húmedo, ni a demasiada velocidad ni a demasiada
profundidad. Cada operación con la agresividad más adecuada para la humedad
que tenga, con la velocidad de trabajo que corresponda y con el menor número de
pasadas posible. Sólo lo que sea estrictamente necesario. Esto significa, que
podamos colocar la semilla en camas de siembra que no necesariamente tienen
que estar hechas un polvo, que pueden tener cierto grado de cascotes,
combinando esto con la sembradora que se va a utilizar. No todas las
sembradoras hacen bien su trabajo cuando el suelo está algo cascotudo. Si el productor o el
contratista no cuentan con máquinas sembradoras que trabajen bien esas
condiciones, habrá que hacer otro tipo de laboreo para reducir aún más el
tamaño de partícula y permitir una buena siembra, aunque, sabemos, se
incrementan los riesgos de dañar al suelo. Todas las decisiones de manejo
tienen que tener en cuenta al sistema de manera integral. En concepto general
cuanto menos operaciones se hagan, menos efectos negativos en el sistema
vamos a tener. Resumiendo, para mejorar lo que llamamos labranza convencional
tendríamos que, primero, tomar la decisión en función del ambiente y la época
del año en que lo vamos a hacer y, segundo, pensar en hacer la menor cantidad
posible de pasadas de máquinas, con la humedad del suelo y la velocidad de
trabajo adecuadas. El objetivo fundamental es lograr el cultivo con el menor
daño posible al suelo y reponiendo todo lo que sea necesario. Ing. Guillermo Studdert Facultad de Ciencias
Agrarias - UIB Balcarce Fuente de la información: www.agromail.net
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